El singular fenómeno de Zoo – Levante EMV

La banda de Gandia llena esta noche la Plaza de Toros y cierra una etapa en la que en solo cinco años se ha convertido en un referente estatal de la escena valenciana – "Nuestra esencia es bailar y cagarnos en todo", resume el cantante y compositor Panxo

Pocos fenómenos más sorprendentes en el actual panorama musical valenciano que el de Zoo. Con cinco años de trayectoria y un par de discos en el mercado, la banda de Gandia ha traspasado fronteras geográficas, idiomáticas y estilísticas. Y con su mezcla infalible de hip hop, soul, ska, electrónica y pop, llena salas, explanadas festivaleras e incluso plazas de toros, como ocurrirá esta noche en la Festa de Benvinguda de la Universitat de València. Un concierto especial porque, además, el grupo ha anunciado que se tomará un año de pausa para preparar su tercer disco.

Zoo nació en 2014 de la mano de Toni «Panxo» Sánchez y con el impulso de «Estiu», una canción que se convirtió en un pequeño fenómeno viral. «Aún no teníamos el primer disco y tres meses después ya estábamos haciendo nuestros primeros conciertos en València, Madrid y Barcelona con las salas llenas». «La nuestra ha sido una trayectoria poco común y hemos sido un poco afortunados porque nos hemos saltado ese proceso que vive cualquier banda que comienza -añade Panxo-. El verdadero trabajo ha sido mantener durante cinco años esa popularidad inmediata de los inicios».

Fortuna, trabajo y riesgo, como el que supone mover por España una banda de una docena de miembros entre músicos y técnicos y que canta en valenciano temas con un alto contenido social y político. «Desde el principio teníamos claro que era importante no saturar con nuestra presencia el País Valencià porque es un territorio y una escena pequeña. No queríamos convertirnos en un recurso fácil. Por eso hemos ido a festivales en Madrid, Galicia, Andalucía o Extremadura aunque sea perdiendo pasta».

Solo llevan cinco años pero no son ni mucho menos unos novatos. Panxo, por ejemplo, viene de Orxata Sound System y ha sido DJ en Riot Propaganda, dos bandas que representan ese espíritu de fiesta (la primera) y de reivindicación (la segunda) que Zoo sintetiza. «Es nuestra esencia, bailar y cagarnos en todo», reconoce Panxo. «Entender la música como herramienta de reivindicación, el punk de los 90 y el rap de los 2000, nos ha influido en el aspecto de las letras. Y en lo musical, el baile y la electrónica. Bailar como forma de liberarse, disfrutar y acompañar los procesos de transformación».

Pero ha llegado el momento de parar, y eso que, en lo personal, Zoo se encuentra en su etapa «más bonita». «Los tres primeros años fueron difíciles porque el ascenso fue muy rápido y el mundo de la noche se descontroló. Las resacas y esas cosas que acompañan a la vida del rock'n'roll», reconoce el cantante con cierta coña. «A finales de año tuvimos unas conversaciones. Esto es un trabajo en el que nos pasamos la mitad del año 12 tíos en una furgoneta, compartiendo muchas cosas buenas y también malas, viajes largos que pueden hacerse incómodos. Hemos tenido que aprender a gestionar la parte interna para no acabar aburriéndonos».

Así que, descartado lo personal, las razones del parón tienen más que ver con la necesidad de aislarse del propio fenómeno Zoo. «Nos hemos convertido en managers, community managers, expertos en fiscalidad, diseñadores, fotógrafos… -lamenta Panxo-. Querer ser competitivos en todos los aspectos nos ha dificultado encontrarnos en el proceso creativo».

La alarma sonó en Raval (2017), «un disco con muy buenas canciones y más rico que el primero ( Tempestes venen del sud, de 2014), pero en el que no trabajamos bien las mezclas ni el sonido porque lo acabamos deprisa y corriendo -afirma Panxo-. Fue el primer disco en el que nos estaban esperando, el nivel de autoexigencia era mucho mayor y eso condicionó el proceso. Tengo un mal recuerdo».

Y mientras no haya Zoo, a sus fans les quedarán las grabaciones y a sus músicos el recuerdo de los momentos especiales como el primer Viña Rock en el que tocaron en el escenario grande. «Ahí vimos que había un camino que recorrer más allá de nuestras fronteras lingüísticas». O el del concierto de Les Arts de este año. «Fue arriesgado porque es un tipo de festival en el que no suelen caber grupos como nosotros. Pero siempre hemos creído que nuestra música es muy disfrutable por todos». O las actuaciones en Inglaterra, Francia, Alemania, Polonia, Hungría, Palestina o Japón. «Hemos hecho giras en las que hemos perdido mucha pasta, pero ha valido mucho la pena».

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